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Bipolaridad cristiana
 
Hemos de asumir con responsabilidad de apóstoles nuestra vida de seguimiento a Cristo, con nuevo espíritu, con gran ánimo, despiertos para crecer en Él y convertirnos en piedras vivas de su Iglesia. Concretamente de tener una vivencia de ‘comunión’, de asociación, de semejanza, de ‘ser en Él’.
Emmanuel Sherwell Cabello
 
EUM SEIE 1 marzo 2018.-
 
Ciertamente, cada vez es más común conocer hombres y mujeres con una bipolaridad cristiana. Es decir, personas cómodamente instaladas en una fe que se mantiene, con cierta frecuencia, en las palabras, las promesas, en una simple vivencia dentro del espacio de su parroquia.

Palabras nunca faltan, promesas tampoco, sin embargo recordemos que la adhesión a Jesucristo tiene que manifestarse en obras, en un hacer continuo del buen corazón. San Pablo decía cuando escribía en Gálatas: ‘La fe se hace eficaz por el amor’ (Gál 5,6).

Lo que verdaderamente importa para salvarse no son las palabras o las muchas promesas sino las obras. Mejor dicho: que las palabras, promesas, pensamientos que hacemos a Dios, así como el espacio que ocupamos en la parroquia, estén respaldadas por obras y comportamientos cristianos. ‘Son las obras y no las palabras’.

En la parábola de los dos hijos, relata como un padre les pide a sus dos hijos que ‘fueran a trabajar a la viña’. El primero responde con oposición y resistencia, un tanto violento: ‘¿No quiero ir!’ - le dice al padre. Pero más tarde cambió de idea y fue. En cambio, el otro, con palabras muy atentas y comedidas le contesta: ‘Sí, padre, iré’ - pero no va.
Cito esta parábola, porque a veces escuchamos la voz de Dios y le contestamos con el primer hijo rebelde, pero arrepentidos vamos cumpliendo aunque sea después lo que se nos pide. O bien, formulamos con firmeza buenos propósitos y luego, la dinámica ambivalente de la vida, nos aleja y no hacemos nada.

Nuestra relación con Dios suele ser muchas veces pasiva, distante, inactiva, más basada en la apariencia externa, en la convalidación social, donde la actitud se vuelve hosca, inútil y con falta de manifestación. Y la cercanía a nuestro Padre nos invita a entrar en este movimiento de salir de nuestro ‘no’ y entrar en el ‘sí’, en un querer, no en un quisiera, en actos concretos, en darse, en un hacer continuo.

No perdamos la oportunidad y el privilegio de poder trabajar en la viña del Padre. Qué el egoísmo, el amor propio, la avaricia, la indiferencia, se transforme en un verdadero anhelo de estar siempre al servicio y colaboración en la vida de Jesucristo.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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