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Iscariote
 
Uno de los doce buscó al Sanedrín para entregarles a Jesús a cambio de 30 monedas. Era Judas Iscariote, el único apóstol no galileo, y los llevó junto al huerto de Getsemaní, de noche cuando estaba solitario, para evitar que el pueblo, que se había congregado en Jerusalén con motivo de la Pascua y lo admiraba por tantos milagros que hacía, pudiera defenderlo.
Salvador Flores Llamas
 
 
Después que el Maestro oró en el Monte de los Olivos hasta muy entrada la noche, llegó Judas con una turba acelerada por los Sumos Sacerdotes y con soldados romanos, y lo besó, que era la señal convenida para que lo identificaran.
De inmediato se fueron sobre Él, lo aprehendieron y lo llevaron ante el Sumo Sacerdote Caifás, quien dictaminó que Jesús debía ser ejecutado por hacerse llamado “Hijo de Dios”. Como sólo el procurador Romano Pilatos podía ordenar su muerte, lo llevaron ante él, quien, indeciso de condenar a Cristo lo mandó, a Herodes Antipas para tratar de congraciarse con él.
Pero Herodes se lo regresó, por ser tetrarca de Perea y Galilea y no tener jurisdicción en Judea, mas sació su curiosidad de conocerlo.
El Sanedrín, encabezado por el Sumo Sacerdote Caifás y su suegro y antecesor Anás, trajeron a Jesús de Herodes a Pilatos, como reza el dicho.
Acobardado Pilatos, mandó flagelar a Jesús, a ver si el populacho, manipulado por Anás y Caifás, se compadecía; sin lograrlo. Como acostumbraba liberar un reo por la Pascua, preguntó a quién escogían: a Jesús o Barrabás, y la plebe prefirió al bandolero asesino.
El Maestro fue abandonado por sus discípulos, que, medrosos, se escondieron y Pedro, quien acababa de jurarle que él lo seguiría hasta el fin, lo negó tres veces cuando los criados de Caifás lo identificaron, como Él le había predicho.
Eso, los tremendos suplicios a que lo sometió la soldadesca, todo lo que sufrió al cargar la cruz hasta el calvario y lo que padeció en él, demuestran que soportó los máximos dolores, físicos y morales para redimirnos, en presencia de su Madre, quien jamás lo abandono, junto con las santas mujeres, hasta que expresó ”Consumatum est”, el sol se eclipsó, la tierra tembló y un capitán romano gritó: “En verdad, este hombre era el Hijo de Dios”.
Tras eso, Judas quedó como sinónimo de traidor. Pervive la costumbre de quemar los judas (con figuras de políticos o gente deplorable) el sábado santo, antes “sábado de gloria”, y de llamar Judas a quienes se estima traicionaron al pueblo, su lucha e ideales.
“El judas que no se ahorcó” motejaron a René Capistrán Garza, el primer líder de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana (ACJM), quien destacó en la época de la persecución religiosa y fue enviado por la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa a Estados Unidos a colectar fondos para mantener el movimiento cristero.
Como los obispos “arreglistas”, Leopoldo Ruiz y Flores y Pascual Díaz pidieron a sus similares norteamericanos que boicotearan su colecta para que muriera la Cristiada; a Capistrán le dieron la espalda, fracasó en su encomienda y los pocos fondos que obtuvo los dedicó a sostenerse con su familia en un país extraño, al que no pudo volver por largo tiempo.
Aquí corrió el rumor de que había traicionado a los cristeros por cobardía y ambición de dinero, y sus excompañeros fueron los más acres en criticarlo y lo tildarlo de traidor.
Judas pasó también a la historia de sinónimo de condenado, que seguramente se fue al infierno por haber entregado a su Maestro para que lo crucificaran. Pero en la primera mitad del siglo XX el famoso escritor florentino ateo Giovanni Papini (quien se volvió católico ferviente al analizar la vida de Cristo para denostarlo) sostuvo que Iscariote pudo salvarse, si se arrepintió antes de morir al ahorcarse.
Al morir Benito Juárez, un obispo tamaulipeco propagó haber visto en cierto momento que su alma se precipitaba al infierno, porque fustigó a la Iglesia y promulgó las Leyes de Reforma.
Más el prelado, autor de la conseja, pudo haberse equivocado, si Benito se arrepintió “in artículo mortis”, en recuerdo de su antigua religión, pues tanto él como Porfirio Díaz estudiaron en el seminario de Oaxaca y estuvieron a punto de ordenarse sacerdotes.
Éste y tantos otros casos mueven a pensar en estos “días santos”, que la misericordia de Dios es inmensa y puede hacer que se salven los más malvados, como Dimas, el ladrón arrepentido, crucificado a un lado de Cristo, y tantos criminales empedernidos que se acogieron al perdón divino en su última hora. llamascallao@hotmail.com
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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