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Pablo el caminante eterno, capítulo XXXIV. Sin pasión por la verdad
 
Pablo eligió la travesía marítima para su nuevo destino…
Jorge Espinosa Cano
 
 
La ciudad que en su tiempo fue la capital de la búsqueda de la verdad se había convertido en una ciudad escéptica, en la que el ejercicio del pensar era en sí mismo una especie de característica cultural de pensar por pensar, sin ningún interés por la autenticidad.

Así mientras descendía Pablo de la colina después de su brillante discurso en medio de las risas y burlas de la mayor parte de los asistentes, hubo sin embargo unos cuantos hombres y alguna mujer que se acercaron a Pablo con sinceros deseos de conocer más de aquel extraño personaje del que Pablo decía que había vencido a la muerte.

Con este pequeño grupo Pablo formó una comunidad no muy numerosa, sin embargo, durante las noches que permaneció en Atenas, se debe haber sentido como los profetas del Antiguo Testamento, que en balde predicaban la necesidad de la conversión al pueblo de Dios.

Los dioses paganos no estaban todavía dispuestos a perder su reino por la predicación de un judío, que hablaba sobre un Hombre- Dios que no procedía de ningún monte sagrado, sino de una pequeña aldea de Israel que apenas figuraba en los mapas de la época, así lo comprendió Pablo que se dio cuenta que el alma de los griegos se encontraba muy distante de la necesaria humildad que se necesitaba para recibir el mensaje de Jesús, y así convertir el corazón y estar dispuestos a un cambio de vida total, que estaba muy en contra de la sensualidad que se vivía en las manifestaciones populares.

Así que Pablo fracasó al intentando fundar una gran comunidad en esta que fue una ciudad tan espléndida en otro tiempo, y por es que no vemos ninguna carta del apóstol dirigida a los atenienses, ni tampoco lo vemos regresando en ninguno de sus viajes a esta ciudad, seguramente se quedó con un sabor muy amargo de boca que no superó. Todavía en el siglo II la comunidad cristiana en Atenas era muy endeble y esta ciudad se defendió como el último baluarte del paganismo.

Pablo empezó a cavilar sobre donde sería conveniente proseguir con la misión y que características debería tener la población del lugar a donde fuera, para que se formara y consolidara una comunidad cristiana, así fue como pensó en Corinto, puerto con una importante población cosmopolita que le recordaba mucho Antioquía.

Seguramente que Pablo eligió la travesía marítima para su nuevo destino, aunque ´por tierra solamente había 65 kilómetros de distancia, debe haber pasado entre Salamina y la isla de Egina, aquí el mar parece como un lago y hay muchas islas pequeñas con acantilados, admirando este bello paisaje Pablo debe haber tenido tiempo para ordenar sus ideas, y pensar cual sería la mejor manera de enfrentar este nuevo reto para que fuera exitoso más por Jesús más que por el mismo.

El contraste entre Atenas y Corinto no podía ser mayor, era como una colmena por la cantidad de ruido que hacían sus navegantes y comerciantes de muchos puntos del mundo conocido en ese entonces. En esta ciudad tan diferente a Atenas todos los pensamientos podían tener un lugar.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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