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El celular: ¿bendición o maldición?
 
La tecnología excedió a su real utilidad, y el abuso de concentrarse en usar el Smartphone sobrepasó los límites razonables.
Salvador Reding
 
EUM SEIE 4 mayo 2018.-
 
Un fantasma recorre el mundo, diría ahora Karl Marx, como dijo del comunismo. Pero este fantasma es un gadget… el teléfono móvil, y no es amenaza, es realidad. Pero, ¿qué es en realidad el móvil o celular, una maravilla, una plaga del mal, o algo diferente? Repasemos.

Cuando se popularizó el teléfono inalámbrico, se nos permitió movernos con él sin estar atados por un cable, una mejora realmente útil. Luego dispusimos civilmente de radio-teléfonos, igual mejora, con posibilidad de optimizar la comunicación cuando era necesario, lejos de un teléfono (fijo, diríamos ahora). Pero luego apareció nuestra polemizada creatura: el teléfono celular o móvil.

En sus primeros años de difusión, el celular se fue convirtiendo de motivo a veces de pedante presunción (¡tengo celular, miren cómo lo uso!), a una real herramienta de comunicación, de trabajo, de familia y de sociabilidad. Facilitó la comunicación instantánea, con voz y texto en los mensajes SMS. Y así pasó tiempo y se popularizo el uso del móvil. Luego se le agregaron funciones, como una calculadora y una cámara integrada. Y para los ratos de ocio, tenía algunos juegos.

Entonces… entonces apareció “el monstruo”: el llamado “Smartphone”. Ya no era un teléfono celular, era un aparato multifunción. Podía hacer muchas cosas, además de telefonear, calcular, fotografiar y tener jueguitos. El Smartphone o teléfono inteligente, podía guardar mucha información y, lo más importante, ingresar a la Internet en donde fuera. Esto permitió entrar a los correos electrónicos y luego, navegar en la Red y buscar información.

Y entonces se dieron vuelo las llamadas “redes sociales”, como WhatsApp, Facebook, Twitter y más, con el llamado “chateo” o“textear”. E inició la debacle, que no debía ser tal, de transformar un medio de telefonear y enviar mensajes cortos, a hacer prácticamente todo lo que se puede hacer en una Laptop. Una computadora completa en la mano, pero en mucho mal usada.

Y así, no sólo se convirtió en un gran medio de comunicación por cualquier vía, sino que se volvió herramienta de trabajo, diversión y lo que se quisiera. ¿Quieres saber algo? Pregúntale a “san Google” en tu celular. También se popularizaron juegos de todo tipo, y acceso a bancos y servicios públicos. El GSM nos permitió tener mapas y movimientos “en tiempo real”, para llevarnos a destinos solicitados. Casi todo lo imaginable, pues. Los servicios de telefonía móvil se encauzaron a la Red, a ofrecer más y más Megas y luego Gigas a utilizar en la misma.

La competencia y la presión social y oficial, hizo que las comunicaciones telefónicas y de redes sociales se volvieran casi todas “llamadas locales”, sin el famoso y costoso “rooming”. Llamadas y mensajes ilimitados.

Y entonces la “bendición” celular se convirtió también en una maldición. ¿Por qué? Porque se abusó del uso del Smartphone, para estar ocupado ya no en telefonear lo necesario, sino en estar en juegos, en lecturas de todo, en escuchar música (que no es tan malo), en envío y reenvío de lo inimaginable, útil o inútil, deseado o indeseado. Se convirtió en una verdadera obsesión, y hasta en pesadilla para algunos. De “vivir fuera del presupuesto es vivir en el error”, se pasa a “vivir sin WhatsApp es vivir en el error”.

Y se atiborraron las memorias de los celulares y se cayó en crisis, y su contenido se convierte en el secreto mejor guardado, no vaya a ser… Y quedarse “sin pila” se convierte en tragedia. Shakespeare puso en boca del rey Ricardo III: “¡mi reino por un caballo!” ahora lo harían decir: “¡mi reino por un cargador!” Dicen que antes, al llegar a una casa preguntaban “¿Dónde está el baño?” y ahora preguntan: “¿cuál es la contraseña de tu Wifi?”

La tecnología excedió a su real utilidad, y el abuso de concentrarse en usar el Smartphone sobrepasó los límites razonables, a tal grado que su uso conduciendo vehículos, con distracciones de segundos que significaban recorrer muchos metros, se convirtió en lo que estadísticamente es la tercera causa de accidentes de vehículos y de muertes en los mismos. Y agreguemos los accidentes por caminar viendo la pantallita.

Ese abuso, la “maldición”, alcanzó tal grado de obsesión, que se llegó a estar más en contacto con seres lejanos que con quienes se tuvieran sentados enfrente. Así, vemos reuniones en las cuales muchos y hasta todos los presentes, están más atentos a sus celulares que a la reunión y los asistentes. Muy mal, y a pesar de las advertencias sobre lo antisocial que puede ser un usuario distraído con quienes está conviviendo, la costumbre es cada vez peor, en especial cuando inicia llamadas o mensajes como si estuviera solo, en medio de una conversación.

Entonces, ¿el celular convertido en “teléfono inteligente” pasó de bendición a maldición? No se puede generalizar, pues el mismo ha demostrado ser de gran utilidad, a pesar de su abuso, tanto en distracciones como medio antisocial. Así, por ejemplo, en situaciones de peligro o daño, la comunicación instantánea ha sido muy útil. Un periodista tendrá en él al mejor de sus instrumentos de trabajo en campo.

Y entonces, ¿qué debemos hacer? Educarnos y educar a los nuestros en el uso racional del aparatito, del “gadget” de moda. Usarlo cuando se necesita solamente, evitar que sea medio de distracción en el trabajo, el estudio, la conducción vehicular y la convivencia social. Si nuestro Smartphone es bendición o maldición, depende de nuestra conducta en su uso. Nosotros bendecimos o maldecimos al mismo, todo es cuestión de disciplina personal, o falta de ella.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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