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Quiénes deben irse y quiénes llegar
 
No es ahora cuestión de nombres, sino de perfiles
Salvador Reding
 
EUM SEIE 10 julio 2018
 
Me refiero a la dirigencia nacional panista. Quienes hemos sido activistas de años en Acción Nacional, tenemos amigos y conocidos en el CEN panista. Pero eso no obsta para señalar que, por haber destrozado al partido, no sólo electoralmente, sino en su democracia interna, y en su fidelidad a la doctrina, deben renunciar.

Lo menos que se puede esperar, tanto en los negocios como en la política, es que quienes se saben responsables de enormes fracasos, es que se vayan, que dejen sus lugares a otros que se espere puedan hacer mejor trabajo. Es por dignidad, por decoro, y por respeto a la institución. No esperar a que las bases y la sociedad se los exija.

Sobran los ejemplos de México y del mundo en donde, tras fracasos electorales, quienes no pudieron lograr el éxito, precisamente por estrategias y decisiones equivocadas, se vayan a casa. Una cosa es fracasar en intentos por condiciones desfavorables, irremontables, y otra es fracasar por los propios errores.

Pero quienes hundieron a Acción Nacional el 1 de julio pasado, al parecer, no quieren tomar esa gran decisión de honor. Y, además, no faltan quienes, partícipes estrategas de la derrota, ofrezcan recomponer las cosas y, casi cosa de burla, regresar al partido a una vida apegada a la doctrina, tras haberlas guardado en el cajón de lo incómodo, cuando se ha llenado al PAN de oportunistas, persiguiendo intereses personales y grupales, sobre los que lo son de México.

Nadie, entre amigos y conocidos del CEN, y de otros comités locales, debe sentirse atacado porque se les pide que se vayan a casa. La evidencia de su responsabilidad ante fracasos electorales monumentales, y de cómo el PAN pierde su imagen de humanista, de demócrata, y de ser el principal defensor político del humanismo político en México.

Hasta aquí “los que deben irse”. ¿Quiénes deben llegar a dirigir a Acción Nacional? No es ahora cuestión de nombres, sino de perfiles.

Todos, todos los miembros de un nuevo Comité Ejecutivo Nacional, no solamente quien lo llegue a presidir, deben cumplir un perfil claramente definible, acorde a la esencia de Acción Nacional, y que han llenado, más que probadamente, tanto fundadores como otros excelentes dirigentes durante decenios.

Quienes se saben panistas de corazón, no olvidan la gran integridad probada de prohombres como Manuel Gómez Morín, Efraín Gonzáles Luna y demás fundadores, aunque se hable menos de ellos. Tampoco se pueden olvidar los distinguidos, por su vida personal y política, expresidentes y excandidatos, estos que la mayor parte de las veces, lo fueron testimonialmente, pero cuyo testimonio permitió al PAN ir ganando espacios en legislaturas y en poderes ejecutivos.

Un nuevo CEN, pero en especial quien sea el próximo presidente nacional, deben ser panistas de probada lealtad a la doctrina, a los intereses de México sobre los personales o de grupo. Tienen que ser testimoniales de vida, pública y privada, y haberse desempeñado eficazmente en el partido (no bastan las buenas intenciones).

Ningún oportunista debe ocupar la dirigencia nacional. Y la verdad es que los tales oportunistas tienen una huella perfectamente visible de su oportunismo. Por sus hechos los conocemos, y sus carreras se distinguen por buscar, más que la formación ciudadana que dio origen a Acción Nacional, por su obsesión bien lograda de tener el poder, dentro del partido y en gobiernos y legislaturas. Los beneficios de diversa índole que tienen los cargos públicos, han sido claramente su objetivo de vida partidaria. No sirven.

Afortunadamente, Acción Nacional tiene muchos excelentes militantes con un perfil adecuado de fidelidad doctrinaria, larga carrera exitosa, carisma y capacidad de liderazgo, imagen sin tacha y que pueden ocupar la presidencia nacional y los diversos cargos del CEN.

Se requieren un presidente y un CEN que regresen la democracia interna, que esta campee en la Comisión Permanente, en el Consejo Nacional, y que de allí se imponga en los diversos organismos locales del partido en el país.

Un presidente y un CEN que no sólo lleven en su alma el humanismo político panista, sino que lo regresen a la vida institucional del partido, que lo ha perdido demasiado. Hombres y mujeres capaces de recuperar el perdido prestigio panista de demócrata, de humanista, de luchador por la dignidad de la persona humana, el derecho a la vida y demás valores que la humanidad ha conservado por milenios.

Personas que, con liderazgo, vuelvan al PAN a ser imán de ciudadanos dignos y respetuosos, que busquen el bien común de México, y que deseen llegar para servir a México y no para servirse. El tiempo de los oportunistas se acaba, y es de nuevo el de los ciudadanos comprometidos por su país. Algo que el PAN siempre ha tenido, y tiene todavía, a estos hay que elegir.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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