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Vida, vida, vida
 
Aquellos cristianos que defienden la vida desde el momento de la concepción, deben hacer oración, promover un diálogo sereno y con argumentos sólidos y buscar ayudas inmediatas que permitan salvar una vida, según sea el caso.
Ana Teresa López
 
 
Preámbulo
En todo lo que nos rodea hay un orden: en el ciclo de las estaciones, en el desarrollo de las criaturas, en el ciclo vital. Con los adelantos tecnológicos podemos librarnos de algunos efectos de estos procesos, por ejemplo: si el invierno es muy crudo ahora hay calefacción. También, con el uso de aparatos, ahora se puede conocer cómo es el desarrollo de un hijo en el vientre de su madre.
En estos dos ejemplos no se altera la naturaleza porque la tecnología proporciona procesos paralelos que ayudan positivamente al ser humano. Esta afirmación es importante porque señala el campo de la moralidad de los actos: bueno es aquello que respeta a la naturaleza. Por lo tanto, aquella tecnología que anula o destruye la naturaleza y sus procesos es inmoral.
Actualmente los maravillosos adelantos tecnológicos han desorientado a algunos llevándoles a sentirse semidioses, capaces de trasgredir la naturaleza y sus leyes, y a inventar una “realidad sustitutiva” de la natural. En esta realidad producida viven con independencia y proclaman sus propias leyes que variarán cuando lleguen otros con sus innovaciones. La causa de esta postura está en el hecho de soslayar “la bondad original del cosmos que salió del Creador y de Él conserva la huella” (Navarro-Valls, citado en El último romántico, p. 218).
La importancia de la vida humana
La vida es el punto de partida respecto a todos los múltiples aspectos que se defienden en los seres humanos. En el orden natural de los derechos humanos el primero es el derecho a la vida de cada persona y de allí parten todos los demás. Alterar este orden puede provocar argumentaciones sutilmente equívocas, poco claras, confusas, en donde es fácil hacer planteamientos totalmente falsos.
Por ejemplo, el 2 de octubre pasado, la senadora Ma. Leonor Noyola Cervantes, solicita la aprobación del aborto a la Cámara de Senadores, fundamentándose en el “derecho al libre desarrollo de la personalidad”. Frase que suena bastante bien, mueve la emotividad, pero no respeta el orden de los derechos humanos ni el orden de la razón.
Antes del libre desarrollo de la personalidad, está el derecho a la vida: sin vida no hay personalidad. Después del de la vida está el derecho a la libertad, porque la libertad es característica fundamental de la vida humana.
El primer artículo de la Declaración de la ONU sobre los Derechos _Humanos dice: “Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros.”
En el tercer artículo se explicita mucho más este asunto: “Todo individuo tiene derecho a la vida, a la libertad y a la seguridad de su persona.” Expresión clara, concreta y ordenada. Entonces, el libre desarrollo de la personalidad es una consecuencia del respeto a la vida y a la libertad bien entendida, esto es cuando no se confunde libertad con liberación desvinculante. Porque la desvinculación reniega del comportamiento fraternal propio de la sociabilidad.
Grupos provida
Se caracterizan por la defensa de la vida en todas las etapas evolutivas, sin discriminar por raza, enfermedad, discapacidad congénita o adquirida, etcétera. Incluso, recientemente se ha dado un paso muy importante en la valoración de la vida, cuando, recientemente, el papa Francisco descartó la pena de muerte, como una manifestación de la no discriminación ni a los transgresores de la ley.
Los grupos provida provienen de múltiples culturas y creencias; pero les une la convicción de la importancia de pertenecer a la especie humana, y por lo tanto, la adhesión y defensa del primer Derecho humano: el derecho a la vida. Así lo expresaron el pasado 20 de octubre, las marchas por la vida, en todos los estados de la República Mexicana.
La convicción del respeto a la vida es muy fuerte en quienes reconocemos a un Dios creador, cuidamos y admiramos sus obras, especialmente el don de la vida humana. De hecho, Su Santidad, cabeza de la Iglesia católica no deja de proclamar esta verdad, con una claridad y vigor indiscutibles. Tal vez, esta es una de las razones por la que la Iglesia es perseguida: tiene una voz que molesta a los antivida.
Grupos proaborto y proeutanasia
No son absolutamente antivida, pero defienden excepciones. Por eso, pueden enternecerse con el nacimiento de un bebé de un miembro de su familia y cuidarlo y desvivirse por él. Pero están de acuerdo con impedir el nacimiento de un bebé que anuncia una disfunción desde el seno materno, o un bebé no deseado por diversas circunstancias –violación, descuido en el uso de anticonceptivos, etcétera–.
Otra de las excepciones que defienden es la eutanasia, que consiste en terminar la vida de quien sufre algún tipo de deterioro –físico, psíquico, social– Ante estas circunstancias ponen en entredicho el derecho a la vida y una vez debilitado este primer derecho, todos los demás quedan sujetos a los vaivenes de argumentaciones falaces y sentimentales.
Podemos hablar de tres subgrupos:
1º. Los que promueven el aborto y la eutanasia por intereses muy ocultos: políticos, económicos, eugenésicos, o de cualquier otro tipo de discriminación.
2º. Los que están inmersos en este adoctrinamiento y lo adoptaron por falta de una auténtica formación. Desconocen principios y argumentaciones veraces. Son unos apasionados y no escuchan otras razones. Ellos están bien y quienes no piensan igual están mal.
3º. Aquellas personas cuyo embarazo o la convivencia con un enfermo o un anciano les resulta un problema muy grave y recurren a la solución extrema del aborto o la eutanasia, según el caso.
Por lo tanto, no se puede dialogar de la misma manera con estas personas. Siempre rezar y desagraviar por todas, especialmente por las del primer grupo.
Con las del segundo grupo promover conversaciones serenas, respetuosas, comprensivas, pero con argumentos formativos.
Con las del tercer grupo buscar de inmediato soluciones concretas que descarten el aborto o la eutanasia. Y hacer planes concretos para dar formación que evite reincidencias y las fortalezca en el bien.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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