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Vicios en la política, “vergüenza de la vida pública”
 
El sucesor de Pedro indicó que la paz no se puede reducir al equilibrio de la fuerza y el miedo.
Jorge López
 
 
El deseo del Papa Francisco para el mundo en este nuevo año es: “Paz a esta casa”, así lo escribió en su mensaje para la LII Jornada Mundial de la Paz, que se celebra cada año el 1º de enero, fecha en la que coincide con la solemnidad litúrgica de Santa María, Madre de Dios.
El tema a reflexionar en esta edición es “La buena política está al servicio de la paz”. El obispo de Roma señaló que “esta casa” es cualquier familia, comunidad, país o continente específico pero también nuestra “casa común” es decir el mundo entero.
El Papa explicó en su mensaje que la política puede ser un vehículo para construir ciudadanía pero cuando se le utiliza de una manera distorsionada puede servir para la opresión, la marginación y hasta para la destrucción.
Señaló que todos en la propia medida hemos de aportar colectivamente en el bien de la ciudad, la nación y la propia humanidad.
Indicó que “la política, si se lleva a cabo en el respeto fundamental de la vida, la libertad y la dignidad de las personas, puede convertirse verdaderamente en una forma eminente de la caridad”. Y con base en el pensamiento del papa Benedicto XVI, subrayó que es la caridad la que inspira la acción política.
“Cada renovación de las funciones electivas, cada cita electoral, cada etapa de la vida pública es una oportunidad para volver a la fuente y a los puntos de referencia que inspiran la justicia y el derecho”, apuntó.
Pese a lo anterior el sucesor de Pedro, reconoce que en la actividad política también existen los vicios, los cuales disminuyen la credibilidad en los sistemas así como en las autoridades y en la decisiones que toman.
“Estos vicios, que socavan el ideal de una democracia auténtica, son la vergüenza de la vida pública y ponen en peligro la paz social”, afirmó. El papa mencionó algunos de estos vicios, tales como la corrupción, la negación del derecho, el incumplimiento de la normas, la pretensión de perpetuarse en el poder, rechazar el cuidado de la Tierra, la explotación sin límite de los recursos naturales, el desprecio de los exilados, la xenofobia o el ejercicio del poder por razones de Estado, entre otros.
“Cuando el ejercicio del poder político apunta únicamente a proteger los intereses de ciertos individuos privilegiados, el futuro está en peligro y los jóvenes pueden sentirse tentados por la desconfianza, porque se ven condenados a quedar al margen de la sociedad, sin la posibilidad de participar en un proyecto para el futuro”, señaló.
El Papa agregó que cuando la política se abre a los talentos jóvenes se llega a una dinámica que se traduce en un “yo confío en ti y creo contigo” y apuntó que Dios no nos dio la mano para matar o procurar el sufrimiento sino para cuidar.
Ciertamente, las relaciones humanas son complejas y la confianza no es siempre fácil de llevarla adelante, así es muy necesario que existan “artesanos de la paz” que quieran el bien de la humanidad.
Recordó como una lección dejada por la Primera Guerra Mundial que “…la paz jamás puede reducirse al simple equilibrio de la fuerza y el miedo. Mantener al otro bajo amenaza significa reducirlo al estado de objeto y negarle la dignidad. Es la razón por la que reafirmamos que el incremento de la intimidación, así como la proliferación incontrolada de las armas son contrarios a la moral y a la búsqueda de una verdadera concordia”.
Enfatizó que “no son aceptables los discursos políticos que tienden a culpabilizar a los migrantes de todos los males y a privar a los pobres de la esperanza”. Subrayó también que la paz se basa en el respeto de cada persona, del derecho, del bien común, de la creación así como de los valores heredados de otras generaciones.
“Asimismo, nuestro pensamiento se dirige de modo particular a los niños que viven en las zonas de conflicto, y a todos los que se esfuerzan para que sus vidas y sus derechos sean protegidos. En el mundo, uno de cada seis niños sufre a causa de la violencia de la guerra y de sus consecuencias, e incluso es reclutado para convertirse en soldado o rehén de grupos armados”, manifestó.
Asimismo, hizo referencia a la Declaración Universal de los Derechos Humanos que este 2018 cumplió su 70 aniversario pues se redactó después de la Segunda Guerra Mundial.
En este ámbito, indicó que la paz personal y comunitaria, que implica una conversión del corazón, tiene 3 dimensiones: la paz con nosotros mismos, que rechace la ira y la impaciencia; la paz con el otro, desde la familiar hasta el extranjero o el que sufre, y que se atreve al encuentro; además de la paz con la creación, redescubriendo el tamaño del don de Dios en ella y la responsabilidad en su cuidado.
“La política de la paz –que conoce bien y se hace cargo de las fragilidades humanas– puede recurrir siempre al espíritu del Magníficat que María, Madre de Cristo salvador y Reina de la paz, canta en nombre de todos los hombres: ‘Su misericordia llega a sus fieles de generación en generación. Él hace proezas con su brazo: dispersa a los soberbios de corazón, derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes; […] acordándose de la misericordia como lo había prometido a nuestros padres en favor de Abrahán y su descendencia por siempre’”, concluyó.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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