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Joselito: el grito de rebeldía
 
El recuerdo del joven cristero José Sánchez del Río es un grito de rebeldía contra aquellos que quisieran acabar con la libertad de creer, de educar a los hijos en la fe que los padres profesan.
René Mondragón
 
EUM SEIE 3 enero 2019.-
 
En tanto que en México, los temas de política, economía, obra pública, desarrollo de las personas y de la sociedad, se encuentran en medio de los vocingleros ideológicos que construyen una narrativa de odio, de mensajes de amenaza y de división entre mexicanos; de ideólogos y estrategas que no acaban de entender que la democracia es aprender a escuchar a los demás en vez de diseñar mecanismos legislativos para el exterminio, a costa de lo que sea… incluso de los pobres a quienes se comprometieron defender.
Hoy, en los momentos en que el país “se consagra” a rituales pseudoindigenistas de los “pueblos primarios”–antes de los que perversos frailes franciscanos trajeran a “su Dios”– precisamente ahora, es cuando varios cientos de miles de jóvenes, ancianos, adultos, niñas y niños toman la calle para recordar el acto heroico y rebelde de un chico de 14 años que desafió al régimen y lo venció.
La importancia de José Sánchez del Río
El escribano quiere estar muy lejos del arte de amarrar navajas, tan tradicional en el nuevo gobierno, pero no es posible dejar de lado el impacto religioso y sus derivaciones sociales y políticas en los presentes días, cuando la algarabía de un senador, fervoroso admirador de Maduro, Chávez, Morales y Ortega, empleó la figura de un “niño dios” –sí con minúscula– para hacer una burlesca botarga y disfrazarlo con la imagen del presidente López Obrador.
En este ambiente es, en donde las reliquias de José Sánchez del Río cobran un impacto formidable.
De la Oficina de Prensa de Camino de la Fidelidad, responsable de la repercusión ante los medios y las redes sociales, nos envían una verdadera avalancha de información sobre la trayectoria, motivos, fines y logística. Agradecemos a la periodista Leticia Laguna la gentileza y oportunidad de las entregas para el escribano.
Yucatán, Guadalajara, León, Veracruz, Morelia, Celaya, Sahuayo en el estado mexicano de Michoacán, espacio que vio crecer a Joselito, son algunas de las localidades que sus reliquias recibieron el aplauso, las porras, las oraciones y las peticiones de cientos de miles de mexicanos. Su destino:
Panamá, para Jornada Mundial de la Juventud. Ningún lugar más apropiado para recibir a José Sánchez del Río.
Contrastes notables
1. La periodista Rocío Martínez de El Heraldo de León, destaca que don Alfonso Cortés Contreras lanzó un reto fundamental a los presentes: “…la vocación en la vida que eligió cada católico debe hacerlo feliz, y con ello desarrollar la misma con alegría y gozo, para con ello contribuir al beneficio de las personas”.
2. Felicidad, alegría, gozo, fidelidad; y con estos atributos, aportar al bien común de los semejantes. Ningún escollo, ninguna posibilidad de que a alguien –con tres centímetros de cerebro– se le ocurra decir que el mensaje del arzobispo es de odio, de violencia.
3. Un rasgo asombroso: Varias decenas de miles de jóvenes, ataviados con el mismo tipo de indumentaria –camisa blanca y pantalón de mezclilla en azul claro– que Joselito, salieron a recibirlo, lo acompañaron, rezaron junto al joven mártir, cuidaron sus reliquias durante las noches heladas; participaron en misa junto a José, hablaron de él y con él cada mañana y cada tarde, cada crepúsculo y cada anochecer en la ciudad a la que llegaban.
4. No hubo presencia de granaderos ni de fuerzas élite de la policía federal, porque a nadie le pasó por la cabeza que estos jóvenes seguidores de Joselito, pudiesen invadir las tiendas OXXO, los Elektras o los exhibidores de teléfonos celulares para robar cosas en clara evidencia de su rebeldía y protesta.
5. No hubo una sola pinta en cada recorrido emprendido. El único “¡Muera!” que las plazas públicas escucharon, fue justamente, el del grito del federal que insistía a José para que abjurara de su fe, gritando “¡Muera Cristo Rey!”. José no retrocedió ante las amenazas cumplidas. Lo hicieron caminar sobre sal después de desollarle las plantas de los pies. Pero José no blasfemó.
6. La reportera de Camino de la Fidelidad nos envía una imagen de la entrada de las reliquias de Joselito a Guanajuato capital. Detrás del recuerdo del mártir, hileras de 15 o 20 personas en fondo. En las calles, varios miles de personas en ambas aceras, lanzando vivas, flores, buscando que los rosarios, las imágenes de José, las medallas y escapularios estuvieran –como refiere a una señora enferma– “lo más cerca que se pudiera” de Joselito. “Él curó a una niña desahuciada por tuberculosis…y él intercedió ante Dios para curarla. Ahora ya no tiene nada, está sanita; por eso lo nombraron santo”.
7. Lo asombroso es que, en ninguna, de la generosa entrega de imágenes, aparece un solo encapuchado con bombas molotov en las manos o rompiendo los cristales de las tiendas.
Sin duda, Joselito es hoy, para todos los católicos, hombres y mujeres de buena voluntad, un grito de rebeldía fuerte, intenso, cuando es el corazón el que siente ansias de eternidad.
El joven rebelde cristero, es a no dudarlo, un grito de rebeldía contra aquellos que quisieran acabar con la libertad de creer, de educar a los hijos en la fe que los padres profesan. Rebeldía contra aquellos adoradores de chamanes que, en su deísmo primigenio quieren superponer a Huichilobos sobre Jesús de Nazareth.
Joselito es rebelde porque privilegió su Fe, su Amor y su Esperanza, al grado de ofrendar su vida para acreditarlo.
Gracias, José.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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