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La importancia de una servilleta
 
Es increíble la respuesta baja y vil del secretario de Comunicaciones y Transportes, Jiménez Espriú ante la cátedra que dio José Antonio Meade en una simple servilleta referente a los costos económicos que implicará la cancelación del NAIM.
Juan Ignacio Zavala
 
EUM SEIE 8 enero 2019
 
Los objetos son importantes en nuestra vida. Pasamos la vida rodeados de ellos. Guardamos algunos de la infancia que de pequeños atesorábamos: el juguete favorito, la foto de aquel evento y cada etapa de nuestra vida podría estar definida por diferentes objetos. Curiosamente un objeto tan de uso corriente como lo es una servilleta ha significado mucho en la vida pública de José Antonio Meade, una especie de regreso a la política por una puerta que le fue negada en la pasada elección por representar al PRI: la de formar parte del liderazgo que enfrentará con astucia y precisión al gobierno de López Obrador.
“La servilleta de Meade” sin duda marca un parteaguas entre los representantes gubernamentales de la autollamada cuarta transformación y sus opositores. Nada le ha enervado más a este gobierno que la lección que les dio quien fuera candidato del PRI al señalarles por qué incurrían en un error al cancelar el NAIM, cuyo costo para el país será de 145 mil millones de pesos. La respuesta fue furibunda. Nadie se imaginó que unos datos que Meade demostró tan fáciles de hacer –para él que es experto en finanzas públicas– fuera a desatar el encono de los colaboradores del presidente López Obrador. La repuesta la encabezó ese energúmeno decrépito que es Jiménez Espriú, cuyo apellido quedará inscrito en letras de alambre como sinónimo de retroceso, necedad y estancamiento. La poca calidad humana es algo que se comparte en el gabinete de la 4T; sus argumentos son descalificaciones, su fortaleza no estriba en cualidades personales ni de grupo, sino en los votos que obtuvo su jefe. Su distintivo es el insulto. De ahí que el centro de su respuesta fuera un intento de condena pública a Meade por su derrota electoral. “Las cuentas alegres de un hombre triste”, tuiteó el vetusto secretario de Comunicaciones. Meade, con elegancia, contestó haciendo una invitación a leer un informe, desear suerte en la gestión y feliz año. Quedaron establecidos dos estilos de hacer política y política pública: la técnica, moderna y moderada, a cargo del exsecretario de Hacienda, y la troglodita, prepotente y vulgaroide del señor Jiménez Espriú.
Nada había prendido fuego en la pradera de la 4T como unos números en una servilleta de quien quedó treinta puntos abajo en las elecciones. Una servilleta que exhibió la incompetencia gubernamental, su incapacidad para argumentar, la ignorancia del titular de SCT, el pleito casado que tiene este gobierno con la técnica y la repulsa que les causa el desarrollo. No pueden manejar las cifras ni de los muertos ni del huachicol ni las de las pérdidas por el aeropuerto y ni las del desempleo que están generando. El caso “servilleta” fue descrito de forma puntual por Julio Patán: “A Meade se le dan las cuentas y a Jiménez Espriú todavía no sabemos qué se le da”, y que los números del gobierno de AMLO son “las cuentas alegres de un hombre encabronado”.
Hace unos días en este espacio comenté que a la espera de que la oposición se organice, los ciudadanos inconformes con las pifias y amenazas de este gobierno se irán arremolinando en torno a los liderazgos que surjan sin importar si tienen partido o no. Lo mismo sucede con el gobierno que, por lo pronto, ha demostrado quiénes le calan: Alfaro y Meade. Y no serán los únicos.
Por lo pronto, es evidente que Meade ha regresado con bombo y platillo con un estandarte que consiste en una servilleta con números.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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