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Pensando la racionalidad cristiana. Parte II
 
La razón y la fe parecieran estar en polos opuestos, pero dentro del Cristianismo van juntas, pues para encontrar la razón, hay que tener fe.
Carlos Ramos Rosete
 
 
La racionalidad cristiana valora al logos humano en un marco de fe con base en la Revelación, asumiendo que dicho logos humano está fundamentado en el Logos Divino. Como lo describe magistralmente Juan Martín Velasco en su libro, El encuentro con Dios, editorial Caparrós editores (Madrid 1997):
“La fe es el medio en que se desarrolla la actividad de la razón. La fe determina el campo de la compresión de la razón humana y le procura los objetos a los que deberá aplicarse su esfuerzo de comprensión”.
La racionalidad cristiana reconoce por medio de su fe, que la verdad que busca la razón humana no sólo se ubica en un marco de inteligibilidad del propio logos humano, sino que tal verdad buscada remite al Logos Divino, luego, se tiene como consecuencia que la verdad buscada por la racionalidad humana tiene un carácter sobrerracional, pero no irracional.
La razón humana absolutizada por la Ilustración ve en el contenido de la fe cristiana una irracionalidad, pues es un logos humano que niega su fundamento, en cambio, la razón cristiana reconoce como fundamento al Logos Divino y en su dinámica ve en el contenido de la fe una verdad sobrerracional que no es ajena a la racionalidad propiamente humana.
La racionalidad cristiana admite un sustento racional propiamente humano del cual se derivan dos características:
1ª. Es un puente común de discurso racional con una racionalidad humana que no se incluye en un marco de fe cristiana, es decir, con la racionalidad no creyente.
2ª Hace ver que la verdad de la fe cristiana en su carácter sobrerracional no es un absurdo, sino que existe un espacio de verdad asequible a la misma razón humana, aunque inagotable para ésta.
Así pues, el “creo para entender y entiendo para creer”, implica una dinámica intelectual que afirma la inteligibilidad de la fe cristiana que sobrepasa al logos humano dando lugar al Misterio, pero dicho Misterio no es considerado antilogos o irracional porque la racionalidad humana se incluye en el Misterio de la fe cristiana en una sobreinteligibilidad fundada en el Logos Divino. Lo anterior tiene como una doble consecuencia, por una parte, el Misterio de la fe religiosa no puede ser demostrado y abrazado totalmente por el logos humano, y por la otra, el Misterio tiene consecuencias perfectamente inteligibles para el logos humano que son compatibles, incluso, con una racionalidad humana que no se mueve en el marco de la fe cristiana.
El “creo para entender y entiendo para creer” de la racionalidad cristiana, afirma en su contenido una doble inteligibilidad, aquella que es propio del logos humano y una sobreinteligibilidad en razón de su fundamento que es el Logos Divino. Lo anterior se encuentra perfectamente expresado en el siguiente pasaje de la encíclica Razón y Fe de Juan Pablo II:
“La razón no puede vaciar el misterio de amor que la Cruz representa, mientras que ésta puede dar a la razón la respuesta última que busca. No es la sabiduría de las palabras, sino la Palabra de la Sabiduría lo que san Pablo pone como criterio de verdad, y a la vez, de salvación” (Razón y Fe, núm. 23).
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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