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La “macabra ley radical”
 
La vida humana es un derecho que todos tenemos, incluso antes del momento de nacer; pero a lo largo de la historia, el hombre ha modificado esto, hasta llegar al punto de aprobar una ley para que el aborto sea legal en cualquier momento del embarazo.
Norma Mendoza Alexandry
 
 
“Quienes nos dijeron una vez que el aborto debía permanecer seguro, legal y raro, ahora lo han hecho peligroso, impuesto y frecuente”. Éstas fueron las palabras que agregó el cardenal Timothy Dolan al calificar la ley recientemente aprobada en Nueva York sobre el aborto como la “macabra ley radical”.
Cuando respondemos a la pregunta: ¿Qué es la vida humana?, de forma implícita respondemos también a la pregunta previa: ¿Qué es el hombre? Sin embargo, nos empeñamos en construir diferentes hipótesis sobre nosotros mismos y seguimos construyéndolas hasta que la verdad nos traspasa mediante el dolor causado por la realidad inevitable de la muerte.
¡Cuánto más cuando se trata de la muerte de un niño o de una niña que por fallas, omisiones, falsos derechos, ignorancia, pobreza y muchos otros pretextos de los adultos, el no-nacido encuentra la muerte súbita y dolorosa en el vientre de su madre y se corta de tajo su futuro promisorio!
Todos nos hemos acostumbrado a la palabra ‘aborto’, pero todos sabemos muy bien que esta palabra significa “crimen”, sabemos que es un crimen abominable a un ser humano desprotegido e inocente, sabemos además que éste es puesto en la lista de los ‘sin nombre’, que es un condenado a muerte sin merecerlo y que posiblemente equivale a un número, es decir, la víctima 118 millones más uno.
¿Podemos dudar de cuándo comienza la vida humana? ¿Qué derecho asumen las políticas y leyes de un país para suprimir la vida humana a punto de nacer? El relativismo moral no tolera ninguna opinión más que la propia, se cree que lo que cada uno opine sobre lo que está bien o lo que está mal es correcto, y se desea que todas las opiniones se hagan cumplir por la ley.
¿Han visto ustedes alguna vez el World Trade Center de Nueva York iluminarse con luz rosa? Ha de ser algo fuera de serie. Lástima que el propósito de la última vez que se iluminó así fue por una “aberración” macabra.
Como héroe de esta celebración se encuentra el tristemente célebre gobernador de esa gran ciudad, Andrew Cuomo, quien pasará a la historia por su mortífera aprobación y firma de la “Ley de Salud Reproductiva” que permite los abortos antes y después del sexto mes del embarazo hasta el momento de nacer. Esto, a pesar del hecho de que once niños no-nacidos muertos durante el ataque a las Torres del W.T.C. de Nueva York el 9 de septiembre de 2011 son honrados e incluidos en el monumento de homenaje a este suceso doloroso.
Se considera que un feto a los seis meses de gestación puede sobrevivir (es viable y compatible con la vida independiente de su madre), y después de éstos, en los tres meses siguientes hasta el parto, la madre podrá abortar según la ley aprobada si “aduce problemas en su bienestar”. También esta ley elimina el aborto del código penal y aclara que una variedad de profesionales médicos con licencia, pueden también realizar el procedimiento. Para decirlo con otras palabras, lo que permite esta ley parece sacada de una película de terror contra seres humanos desprotegidos, no-deseados, despreciados y asesinados con aprobación de su propia madre.
El cardenal T. Dolan de Nueva York describe la ley con estas palabras:
“En adelante, se descartarán todos los cargos contra un abortista que permite que un bebé abortado, que de alguna manera sobreviva a las tijeras, el bisturí, la solución salina y el desmembramiento, muera ante sus ojos… La nueva ley ordena que, para que un aborto sea más conveniente y fácil, el médico no tenga que realizarlo e incluso podría usarse para suprimir los derechos de conciencia de los profesionales de la salud…”
Ante tales procedimientos es necesario que todos sepamos algo sobre las fuentes sensoriales del feto. Estudios científicos de medicina han demostrado que el feto experimenta DOLOR. Cuando un ser humano en el vientre de su madre tiene dolor, no tiene aire para externar sonido, pero responde con movimientos rápidos y vigorosos de su cuerpo, movimientos de respiración y precipitaciones hormonales.
El doctor norteamericano de origen griego, Dr. Giannakoulopoulus hizo el siguiente experimento: A pocos minutos de haber inyectado en la ‘vena intropática’ a un feto para una transfusión, éste mostró un aumento del 590% en beta-endorfina y 83% de aumento en cortosol, esto es la evidencia química del dolor.
Abortar, por tanto, no solo es un acto violento y mucho más en los últimos meses de su gestación, sino tremendamente doloroso. Los sentidos neuroanatómicos del tacto muestran, por tanto, que el dolor es una señal importante, sobre todo, el dolor agudo en los abortos efectuados desde 0 a 24 semanas y por tanto, aún más a medida que se acerca la fecha del parto, pues consisten en el desmembramiento del no-nacido con fórceps metálicos puntiagudos o la sustitución del líquido amniótico por una solución salina que el pequeño inhala mientras la sal quema su piel. Se ha visto que, aun así, el niño puede sobrevivir en estas condiciones hasta una hora y sin anestesia, sufriendo dolores intensos hasta su muerte. (T. Kerenyi et. al. Intramniotic Techniques, Abortion and Sterilization. Editorial Hogson, 1981).
El histórico progreso hacia el reconocimiento de derechos igualitarios del que muchos norteamericanos estaban orgullosos ahora es impedido por la matanza sin sentido de un millón de pequeñas vidas humanas en abortos cada año. Un millón de niños, cuya sangre es derramada no en nombre de los derechos humanos, sino tomando como razón una ‘elección’ de su madre.
Actualmente en Estados Unidos existe una gran división entre su gente, y todo se debe a estas leyes llamadas “progresistas” que tienen decisión sobre la vida y la muerte del
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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