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La moda atenta contra el planeta
 
“Me di cuenta de que para cada evento compraba algo nuevo, y en cada compra recurría al Fast Fashion, por lo que decidí crear Te presto mi vestido”, afirmó Gabriela Franco Jiménez, impulsora de la moda circular.
Carla Martell
 
EUM SEIE 9 julio 2019
 
La ropa es más que pedazos de tela, con ella marcamos nuestro estilo y forma parte de nuestra identidad y esencia. Es sumamente variada, ya que podemos encontrar diferentes texturas, colores y cortes, que nos dan un amplio repertorio de combinaciones en donde reflejamos nuestra personalidad.
La industria de la ropa se ha vuelto una de las más grandes, exitosas y costosas en el mundo, pues existen personas que están dispuestas a pagar grandes cantidades de dinero con tal de mantenerse “al último grito de la moda”. Sin embargo, lo que esta industria tiene de exitosa también lo tiene de contaminante.
De acuerdo con la Organización de las Naciones Unidas (ONU), la industria de la moda es responsable de contaminar 20% del agua en el mundo. “Está claro que la industria de la moda debe cambiar sus engranes y ser responsable con el medio ambiente”, comentó Olga Algayerova, secretaria ejecutiva de la Comisión Económica de las Naciones Unidas para Europa (UNECE).
Por ejemplo, según datos de UNECE, para hacer una camiseta de algodón son necesarios 2 mil 700 litros de agua, cantidad que es equivalente al líquido que una persona puede consumir en dos años, además el algodón se encuentra expuesto a cantidades inmensas de pesticidas, lo que da como resultado prendas llenas de químicos.
La práctica del Fast Fashion
Este término se refiere al consumismo, pues promueve la compra desmedida de ropa y el menor uso que se le puede dar a las prendas que adquieres. Tiendas como Mango, Zara, Bershka y Forever 21 son las principales promotoras de esta práctica, pues ponen a la venta prendas de material con baja calidad, que es producido de manera rápida y en masa, a costos bastante accesibles.
La calidad y duración de estas prendas genera la sensación de que la ropa es desechable, por lo que la cuidan y usan menos. Esto ocasiona que cientos de toneladas de ropa acaben en los basureros tras una utilidad o tiempo de vida mínimo.
De acuerdo con la Fundación Ellen MacArthur, anualmente se fabrican 150 mil millones de prendas, de las cuales cerca de 30% nunca se vende; 50% de la ropa que generan marcas como Zara y H&M acaba en los basureros en menos de un año y, en general, la economía mundial pierde 460 mil millones de dólares cuando la gente y la industria tiran prendas a la basura.
Las prendas tiradas a la basura contaminan
Anualmente se generan 92 millones de toneladas de prendas en los basureros, de acuerdo con Fashion Revolution, y pueden tardar años en degradarse. Por ejemplo, una chamarra de mezclilla puede tardar de 10 a 12 semanas en degradarse; mientras que la seda tarda hasta tres años, la lana hasta 5 años; el nylon alrededor de 30 o 40 años, los conjuntos deportivos como lycras y tops de 20 a 200 años y el poliéster, cerca de 200 años.
Además, quemar un kilo de prendas resulta más contaminante que quemar carbón, porque las prendas emiten 1.36 kilos de dióxido de carbono. La industria textil es la segunda más contaminante, debajo de la petrolera y por encima de la ganadería.
La solución: moda circular
Gabriela Franco Jiménez es la fundadora de Te presto mi vestido, grupo que pretende crear una comunidad que se desapegue de su ropa y la preste a otras personas, haciendo honor a la expresión moda circular.
“La moda circular es darle un segundo o más usos a algo que no utilizas… es aprovechar el recurso y por medio de éste reducir la producción masiva”, comentó Gabriela. La moda circular no se limita únicamente a ropa, ya que a grandes rasgos existe la economía circular que podría poner fin a la economía lineal en la que vivimos. La economía circular es un sistema que prioriza aprovechar los recursos al máximo y reducir el consumo a corto plazo, teniendo como base las 3 R: reducir, reusar y reciclar.
Te presto mi vestido nació cuando Gabriela se percató de que que la industria textil es de las más contaminantes en el mundo, además una de las que ofrece las peores condiciones a sus trabajadores. ¿Sabías que? Sólo 3% de la ropa que se vende en Estados Unidos es hecha en territorio nacional, 97% restante se fabrica en países como Bangladesh, Camboya, Brasil y Vietnam, donde se explota a cientos de trabajadores en maquiladoras que les pagan dos dólares el día.
“Me di cuenta que por cada evento compraba algo nuevo, y en cada compra recurría al Fast Fashion… compras un vestido y te lo pones una sola vez” afirmó Gabriela Franco respecto a la práctica a la que cientos de mujeres recurren.
Franco Jiménez indicó que esta opción es económica, produce un ahorro a los consumidores y aumenta el poder de compra. En el aspecto social, promueve las relaciones sociales, así como valores como el compartir y la confianza, y fortalece la unión social entre las personas, porque ayudas a otros mientras te ayudas a ti mismo.
Te presto mi vestido ofrece la oportunidad de prestar y pedir prestados vestidos de todo tipo gracias a que en el grupo constantemente se suben imágenes de los vestidos que las miembros están dispuestas a prestar. Las reglas son simples, básicamente consisten en ser responsable y cuidar el vestido que te prestan como cuidarías una prenda tuya.
Ser agente de cambio empieza por pequeñas acciones como apoyar estas iniciativas, además aprendes a comprar de manera inteligente, ya que la moda circular abrirá las puertas de tu mente a la creatividad y te enseñará a reducir, reusar y reciclar sin perder tu estilo.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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