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Europa arde sin control
 
El verano de 2026 está reescribiendo los registros de incendios forestales en Europa. Francia rebasó por primera vez las 100 mil hectáreas consumidas por el fuego en un solo año, mientras España acumula 172 mil 396 hectáreas calcinadas y enfrenta el incendio más grande desde que existen registros. La combinación de sequía, temperaturas superiores a los 40 grados y fuertes vientos ha provocado una emergencia que todavía está lejos de terminar y que expertos consideran una muestra de cómo el cambio climático está transformando la intensidad y el comportamiento de los incendios forestales.
Sonia Domínguez Ramírez
 
SEIE 27 julio 2026.-
 
El impacto va mucho más allá de los bosques. Miles de familias han tenido que abandonar sus viviendas, carreteras y líneas ferroviarias permanecen cerradas en distintas regiones, el humo cubre ciudades enteras y cientos de bomberos trabajan sin descanso para impedir que nuevos frentes alcancen poblaciones. Con agosto todavía por delante, las autoridades reconocen que el riesgo sigue creciendo.
España concentra algunos de los incendios más devastadores. El fuego que avanza en la provincia de Ávila ya es considerado el mayor registrado en la historia del país al consumir alrededor de 50 mil hectáreas, una superficie equivalente a más de 70 mil campos de futbol. A este siniestro se suman los incendios de Madrid, Toledo y otras comunidades, que han elevado la superficie afectada a niveles nunca vistos en décadas.
Las cifras muestran la magnitud del desastre. Entre enero y el 27 de julio, España contabilizó 172 mil 396 hectáreas quemadas y 35 grandes incendios forestales, aquellos que superan las 500 hectáreas. Hace apenas un año, para las mismas fechas, la superficie afectada apenas rebasaba las 29 mil hectáreas. En doce meses, el territorio arrasado por el fuego se multiplicó casi por seis.
Ese crecimiento acelerado ha obligado al Gobierno español a movilizar miles de efectivos de la Unidad Militar de Emergencias, brigadas forestales, cuerpos de protección civil y medios aéreos, además de solicitar apoyo internacional a través del Mecanismo Europeo de Protección Civil. La prioridad ya no es únicamente apagar los incendios, sino evitar que alcancen zonas habitadas.
La situación en Francia refleja un escenario igual de preocupante. El país rompió este año un récord que hasta hace poco parecía improbable: superar las 100 mil hectáreas quemadas antes de terminar julio. Los incendios más graves se concentran en el suroeste francés, donde extensas masas forestales han ardido durante días favorecidas por la sequía y el viento.
Las autoridades francesas han evacuado a más de 220 mil personas desde que comenzó la temporada de incendios, una cifra inédita para el país. En varias regiones, los habitantes recibieron la orden de abandonar sus hogares con apenas unos minutos de anticipación conforme las llamas avanzaban hacia zonas urbanas. Al mismo tiempo, el humo obligó al cierre de carreteras, afectó la operación ferroviaria y deterioró la calidad del aire en amplias zonas del país.
Lo que ocurre en ambos países no responde únicamente a una temporada especialmente seca. Científicos y organismos especializados llevan varios años advirtiendo que el aumento sostenido de las temperaturas está alargando la temporada de incendios, secando la vegetación durante más tiempo y favoreciendo incendios mucho más intensos, capaces de cambiar de dirección en cuestión de minutos y de generar sus propias corrientes de aire, lo que dificulta enormemente su control.
A ello se suma otro problema menos visible: durante décadas se ha acumulado una enorme cantidad de vegetación en muchas zonas forestales por el abandono del campo y la reducción de actividades tradicionales como el pastoreo o el aprovechamiento maderero. Ese combustible natural convierte cualquier chispa en un incendio potencialmente devastador cuando coinciden calor extremo, baja humedad y viento.
Las previsiones meteorológicas no ofrecen un respiro. La Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) anunció que España enfrentará una cuarta ola de calor entre el 29 de julio y el 2 de agosto, con temperaturas que podrían superar nuevamente los 40 grados en varias regiones. Francia también mantiene alertas por calor extremo, por lo que los servicios de emergencia temen que algunos incendios controlados vuelvan a reactivarse y aparezcan nuevos focos.
El desastre también deja una factura ambiental que tardará décadas en revertirse. Miles de hectáreas de bosques, cultivos, reservas naturales y hábitats de especies protegidas quedaron reducidas a cenizas. En algunas zonas será necesario esperar generaciones para recuperar la cobertura forestal perdida, mientras que otras podrían no volver a regenerarse si las condiciones climáticas continúan deteriorándose.
Lo que sucede en Francia y España trasciende las fronteras europeas. Organismos internacionales consideran que la temporada de incendios de 2026 confirma una tendencia observada en distintos continentes: los grandes incendios son cada vez más frecuentes, más extensos y más difíciles de controlar. Para países como México, donde cada año también aumentan las temperaturas y los periodos de sequía, la experiencia europea constituye una advertencia sobre los desafíos que podría enfrentar en los próximos años si no se fortalecen las políticas de prevención, manejo forestal y adaptación al cambio climático.
 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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